domingo, 12 de noviembre de 2017

Sara Herrera Peralta
Esta semana nos acompañará la joven poeta Sara Herrera Peralta. Nacida en Jerez de la Frontera (1980)  ha vivido en numerosas ciudades. Actualmente reside en Toulouse. Feminista, curiosa y creativa le entusiasma viajar, la fotografía y el flamenco. Ha publicado ya diez libros de poesía y ha colaborado en diversas revistas. El poema que traemos esta semana es fiel reflejo de la actitud de muchos jóvenes de nuestro tiempo que prefieren salir fuera a buscar una vida mejor de la que pueden tener aquí.

¿Por qué te vas tan lejos?,

me preguntó la abuela.

Tengo que trabajar, le dije.

Nosotros también nos fuimos,

igual nuestros hermanos:

ellos no volvieron.

Te vas tan joven y sola, decía,

serás extranjera.

Y señaló el mapa.

¿Por qué te vas tan lejos?,

repetía, con lo bien que estabas

aquí -coche, hipoteca, préstamo-.

Voy a buscar una vida grande, abuela.

Y la abuela me miró a los ojos,

acariciando mi cara con sus manos:

que el viaje no sea duro,

que el país sea una casa,

que los amigos te duren para siempre.

 

domingo, 5 de noviembre de 2017

Joan Margarit
Hoy cumple noventa años una de las personas más honestas de este país: el filósofo Emilio Lledó. Para rendirle un modesto homenaje lleno de admiración traemos esta semana el bellísimo poema que inspiró al poeta catalán Joan Margarit una conversación de amigos. Cuenta el poeta que el filósofo, Luis Antonio de Villena, Carlos García Gual y él mismo se reunieron en una ocasión y aquella charla de amigos llevó a las confidencias y entre ellas Emilio Lledó explicó la profunda huella que dejó en su vida la temprana muerte de su esposa. Con esa génesis Margarit compone un poema cargado de emoción en el que entrecruzan sus caminos la ausencia de la esposa, los hijos y la lectura de la Ilíada.

                            FILÓSOFO EN LA NOCHE

Cuando la alta noche negra de Madrid
cierra los cristales de la calle O'Donnell,
dejo que mi frente repose en tu ausencia.
He abierto la Ilíada. Apolo Cabreado
es como la noche y, al marcar el paso,
golpean las flechas su carcaj de cuero.
Frío está tu sitio, que nadie ha ocupado.
Hablo al desvestirme, como si estuvieras:
me acostumbré a hacerlo los primeros días.
Sin tus frascos, sólo me torna el espejo
del baño el progreso lento de la edad.
Doblada la ropa, me pongo el pijama
con la bata gris ceñida a mi cuerpo
y las zapatillas en los pies de viejo.
Amo más que a nadie, junto a mí, tu ausencia,
más próxima siempre si vuelvo a la Ilíada,
cual si te acercara el eco lejano
de alguna verdad desde aquella playa.

Junto a mí y tu sombra creció nuestra hija
y nuestros dos hijos: ayer recibí
carta del mayor. Apenas recuerdan:
he sido su Homero de ésta, nuestra Ilíada.
Muy lejos del mar de ramblas con plátanos
en donde te hallé, no he podido nunca
sentir más Helena que tú en mi interior.
Cerca está el pasado, como frente al piso
el aire en los árboles negros del Retiro.
El aspecto de Héctor, con yelmo y coraza,
ha asustado a su hijo. La noche la cruza
el desesperado ruido de una moto.
Quizá, bajo el bronce de la soledad
asusté también a nuestros tres hijos.

Tu fotografía, ya de un tono sepia,
se encuentra en mi mesa, perdida entre libros:
joven lejanía de triste sonrisa.
Troyanos y aqueos -un mar encrespado
de cascos y escudos, de lanzas de leño
con puntas de bronce- sentados esperan
junto al mar de tarde que brama en la playa.
Ayante golpea el escudo de Héctor,
pero estoy ausente: pienso en nuestro mar,
virgen como en Troya, de la Costa Brava
los años sesenta. Abro el ventanal.
Hoy viven muy lejos la hija y los hijos,
mayores que tú: te fuiste tan joven.
Pienso, melancólico, que oscurecerá
ahora en Chicago. Berlín y las verdes
afueras de Londres yacen en la noche.
Y a ti no te esperan más albas que éstas
que surgen de noche entre las palabras.

Mientras las hogueras acechan las naves,
malos pensamientos como el mar negruzco
que arroja algas tristes, también van cercándome
como si los dioses de Homero existieran.
Tanto tiempo muerta mientras yo envejezco
solo con la Ilíada. Pero allí en la playa,
entre dos combates, donde con estrellas
el cielo es más negro, duermes, como Helena,
en tu oscuridad, aquí junto a mí.
Cual casco de bronce de un guerrero exhausto,
me pesan los párpados al ir recordando
Pedralbes y el cielo azul de la tarde
en la primavera de aquella ciudad.
Delgado, ideal -la línea de Euclides es
el lugar donde transcurre la Ilíada
que leemos juntos -en mi vida tú,
en tu muerte yo. Me sale el filósofo
al ver cómo Aquiles elige la gloria
en vez de la vida. Comienza la ética:
la noble y antigua lección del dolor
ya estaba en la Ilíada. Héctor y los suyos
combaten a muerte frente a las barcazas.
Siempre hay un Aquiles que espera en la sombra.
Pienso que la ausencia -como el agua fría
templaba las armas- me forjó más duro.
Cada cual escucha en su propia Ilíada
las armas que chocan con brillantes yelmos,
los hórridos gritos que lanzan los griegos
en las barcas que arden. Alcatoo en tierra:
su último latido vibra con la lanza
hincada en su pecho. Tú serás la lanza
que tiemble en el último deseo en mi cuerpo.
Van carros vacíos por la playa huyendo
y el leve rumor al pasar las hojas
es como si fuera tu débil presencia.
Y ya en los cristales se alza el horizonte
del parque, aclarándose, como si brillaran
tras los negros árboles las armas de Aquiles.

Te he buscado siempre. Tantas, tantas veces
he desembarcado por sólo una luz
en costas abruptas. Abro la ventana,
me llama en el parque un alba de pájaros.
La dura vejez pone en la mirada
unas largas playas igual que en la Ilíada.
Mercante oxidado, llegando a un gran puerto
hendiré aguas sucias en donde revuelan
miles de gaviotas, buscando una inmóvil
mujer solitaria que espera en la dársena.
Hoy, cuando la proa se hunde fatigada
y ya el navegante no ve bien de lejos,
se borra la costa. Mirando las olas,
recuerdo tus ojos con luz del ocaso
y, sonriente, pienso que, gris y romántica,
te llevo en el buque de hierro del alma.
 

domingo, 29 de octubre de 2017

Emily Dickinson
Esta semana queremos compartir con todos nuestros amigos un maravilloso poema de la escritora norteamericana. Los lectores habituales ya la conocen porque es una de nuestras autoras favoritas. En esta ocasión el poema nos sirve para reflexionar sobre el tema de la muerte. Emily Dickinson escribió dos versiones de este poema. La que nosotros traemos esta semana es la última, de 1861. Las poderosas imágenes del poema nos acercan al sueño eterno de aquellos que han muerto e incluso se permite la autora cierta ironía sobre el cristianismo, que en la versión anterior del poema era aún mayor:  "¡Cuánta sagacidad yace aquí muerta!"

Safe in their Alabaster Chambers—

Untouched by Morning

And untouched by Noon—

Lie the meek members of the Resurrection—

Rafter of Satin—and Roof of Stone!

 

Grand go the Years—in the Crescent—above them—

Worlds scoop their Arcs—

And Firmaments—row—

Diadems—drop—and Doges—surrender—

Soundless as dots—on a Disc of Snow—

 

 

A salvo en sus Cámaras de Alabastro,
Insensibles al amanecer y al mediodía,
Duermen los mansos miembros de la Resurrección,
Vigas de raso, y techos de piedra.


Solemnes pasan los años, crecientes,
Sobre ellos los mundos recogen sus arcos -y los firmamentos reman-
Se arrojan diademas y se rinden los sabuesos
Tácitos como puntos -sobre un Disco de nieve-.

domingo, 22 de octubre de 2017

Matilde Alba Swann
Estas semanas en las que el ruido y la furia lo contaminan todo nos pasan por alto temas que no podemos dejar a un lado. Uno de esos temas es el que nos ha inspirado para elegir el poema de esta semana: el alto grado de pobreza infantil que padecemos en nuestro país sin que nadie parezca enterarse ni estar dispuesto a hacer nada por impedirlo. El poema lo compuso hace muchos años Matilde Alba Swann, pero parece que podría haberlo escrito ayer. La autora argentina (1912-2000) fue una de las primeras mujeres de su generación en pasar por la Universidad y ejerció como abogada durante unos cincuenta años siempre ligada a la defensa de los derechos de los indefensos. Valga su reflexión para que no nos olvidemos de los que más nos necesitan.

        POBREZA A LOS DIEZ AÑOS


Toda mi angustia tuvo la forma de un zapato.
de un zapatito roto, opaco, desclavado.
El patio de la escuela... Apenas tercer grado...
Qué largo fue el recreo, el más largo el año.
Yo sentía vergüenza de mostrar mi pobreza.
Hubiera preferido tener rotas las piernas
y entero mi calzado. Y allí contra una puerta
recostada, mirando, me invadía el cansancio
de ver cómo corrían los otros por el patio.

Zapatos con cordones, zapatos con tirillas,
todos zapatos sanos. Me sentía en pecado
vencida y diminuta, mi corazón sangrando...
Si supieran los hombres cuánto a los diez años
puede sufrir un niño por no tener zapatos...
Qué anticipo de angustia. Todavía perdura
doliéndome el pasado. El patio de la escuela
y aquel recreo largo...

Mi piecesito trémulo, miedoso, acurrucado.
Mi infancia entristecida, mi mundo derrumbado.
Un pájaro sin alas, tendido al pie de un árbol.
La pobreza no tiene perdón a los diez años.
 

domingo, 15 de octubre de 2017

José Ángel Valente
El poeta que nos acompañará esta semana no necesita presentación. José Ángel Valente es un poeta de referencia en la lírica española. Su palabra depurada, desnuda de artificios conecta directamente con nuestra sensibilidad. En el poema de esta semana establece un diálogo con la tradición clásica. Un bellísimo verso del libro VI la Eneida de Virgilio planea en el centro del poema:
                                    Ibant obscuri sola sub nocte per umbram
Esa oscuridad que  acompaña a Eneas y a la Sibila de Cumas en su entrada al Hades nos envuelve a todos y nos enfrenta a nuestro demonio interior.

                ENEAS, HIJO DE ANQUISES, CONSULTA A LAS SOMBRAS

Oscuros,

 en la desierta noche por la sombra,

 habíamos llegado hasta el umbral.

 

 La mujer era un haz de súbitas serpientes

 que arrebataba el dios.

 

 Oh virgen, dime dónde

 está en el corazón del anegado bosque

 el muérdago.

                           Volaron las palomas

 a la rama dorada.

 

 Habíamos llegado hasta el umbral

 (de mares calcinados, del infinito ciclo

 de la destrucción).

 

 Aquí desnudo estoy,

 ante el espasmo poderoso del dios.

 

 Aquí está el límite.

                                Ya nunca,

 oscuros por la sombra bajo la noche sola,

 podríamos volver.

                               Pero no cedas, baja

 al antro donde

 se envuelve en sombras la verdad.

 Y bebe,

 de bruces, como animal herido, bebe su tiniebla,

 al fin.
 

domingo, 8 de octubre de 2017

Antonio Gómez
Antonio Gómez es ante todo un poeta visual. Nacido en Cuenca en 1951 reside desde hace muchos años en Mérida. La experimentación poética es el terreno en el que siempre se ha encontrado más cómodo: los libros objeto, libros de artista, las revistas ensambladas son una parte fundamental de su obra. Esta semana acompañamos el poema elegido con la imagen de una de sus obras visuales, "Manos blancas". La reflexión del poema escrito y el visual nos invita al diálogo interior sin perder de vista el horizonte cotidiano.

Como origen

la mujer y el hombre.

   

Como testimonio

el vuelo libre de las aves.

 

Como fundamento

cualquier semilla fértil.

 

Como primicia

emociónate y llora.

 

Como motivo

el dolor nuestro y el ajeno.

 

Como curiosidad

visitar sin prisa un cementerio.

 

Como reflexión

todos los espejos.

domingo, 1 de octubre de 2017

Maria Mercè Marçal
En este blog no tenemos más patria que las palabras, más bandera que la poesía y nuestra única intención es buscar la belleza que desprende la unión de las dos. En una semana tan complicada como esta que hoy empieza, queremos llamar la atención sobre una poeta catalana, Maria Mercè Marçal, que desapareció demasiado pronto, pero dejó una obra de gran hondura. Traductora y narradora además de poeta, siempre estuvo comprometida con la causa feminista. En una época en la que era difícil ser homosexual y madre soltera,  ella no solo no se escondió sino que también lo relató en algunas de sus obras. De  sus Poemas de deshielo traemos este hermoso canto al amor: un mismo origen, dos lenguas, un sentimiento universal.

Negar-me en tu desposseir-me
d’aquesta rigidesa que m’emmotlla
i em dóna cos fluir sense contorns
lliscar pel tacte obert de tota cosa
amarar les parets l’ eix que ens endega
filtrar-me llenegar per les clivelles
dels temps esllavissar-me sense fites
rossolar pel teu cos com una bola
de neu que s’ageganta i s’incendia
allau roent endins de tu neu fosa
fluir fluir sense confins negar-me
en tu negar-te: i afirmar l’empremta
vivent, imperceptible, de l’amor sobre l’aigua.

 

 

 

ANEGARME negarme en ti desposeerme
de aquella rigidez que me moldea
y me da cuerpo flujo sin contornos
surcar el tacto abierto de las cosas
empapar las paredes el eje que nos fija
filtrarme deslizarme por las grietas
del tiempo derrumbarme sin parar
resbalar por tu cuerpo como bola
de nieve que se agranda y que se incendia
candente alud en tu nieve fundida
fluir fluir sin límite anegarme
en ti anegarte: y afirmar la huella
imperceptible, viva, del amor sobre el agua.